Cada tanto tengo que acordarme
recordarme susurrarme
pajarocarpinterearmeen la cien
que soy Buena mina.
Me perdono un poquito
Me permito un chiquitín.
Soy la abuela que nunca tuve
una abuela tierna, amante
a la que no le debés nada
porque ya la ganaste desde cero.
Por un mínimo instante
Me enorgullezco de mí misma
de mis logros de mis consistencias
Me entrego una medalla
por mis tormentas
por mi decencia
Me indulto durante un tris
puesto que este gravamen es abrumador
Entonces
-porque un poquito parece que me quiero-
Porque a veces me veo de refilón
y me encuentro linda
divertida. merecedora.
abrazable. aplaudible.
Perdonable.
Pura humanidad lo mío.
jueves, 22 de agosto de 2019
viernes, 30 de noviembre de 2018
Roma
Roma, suavidad
pequeña,
es una niña segura
(a veces tiene
penas).
Necesita que la
quieran
-como todas las
nenas-.
Su mamá la escucha
atenta
cuando Romita está
triste.
Si la nena se
lamenta
palabras, miradas,
besos,
así mamá le da
fuerza.
Lo importante es
que Romita
sepa que no estará
sola,
sienta fuerte que
la miran.
Pero no para
prohibirla,
mas, para abrir sus
alitas.
Roma vuela bien
alto.
Papa, mamá y
hermanita
la esperan allá
abajo.
Despliegan sus
suaves redes
para sostenerla
bien fuerte
por si Romita teme.
Así, con cada día
sabe
que es bueno
animarse.
Nuestra Romita se
abre,
se atreve, logra,
puede,
de toda caída sale.
Por supuesto, ella
sufre
y además es
imparable.
Su poder es tan
enorme,
su fuerza es
inagotable.
Roma ama, siente,
aprende,
se ríe, llora,
colabora.
A Roma no la
detienen,
se sabe capaz, cree
en sí,
porque sus padres
la quieren.
Nada más lindo en
la vida
nada más sano, más
fuerte,
Que forjar una
autoestima.
Porque no hace
falta nada más
para ser tu propia
amiga:
ser querida,
protegida,
aprender a andar
erguida.
Roma al revés es
Amor.
Ese nombre le da Poder.
Ese nombre es pura
pasión.
Ella es tierra, es
caudal,
es calor, es fuego,
es flor
que muere y nace
cada vez
tras recorrer algún
dolor.
Roma sabe que aquí
estamos
-papá, mamá,
hermanita-
Sostenes de sus
ensayos.
Ella prueba, juega,
vive,
nosotros la
abrazamos.
Así somos estos
padres,
de ella, enamorados.
miércoles, 28 de noviembre de 2018
mirarte a los ojos
Necesito mirarte a
los ojos
Entrar en vos
Sumergirme en tu
mirada
Recorrerte
Conocer cada órgano
Enredarme en tus
tejidos
Quedarme un rato
dentro tuyo
Sanarte. Sanar.
Observarte funcionar
Resolver
Insistir.
Sentir tu
respiración
Vibrar a tu ritmo.
Puedo hacerlo desde
aquí
Desde afuera.
Pero.
Necesito mirarte a
los ojos
Y entrar en vos.
lunes, 26 de noviembre de 2018
Blanco o negro
Blanco o negro
Creíste poder discernir
Te enseñaron a elegir
Te dijeron que había que llegar
Que tenías que alcanzar
Y quedarte allí
Cuidando
Valorando
Esperando
Pero qué?
Los jazmines
Se vuelven amarillos
Las manos se sueltan
Se arrugan
Se secan
Por suerte hay primaveras
Y no podes esconder tus flores
Entonces
Los jazmines son blancos
Las manos se nutren
Con la leche de sus ramas
El aroma dulce y fresco
De esa naturaleza tan tuya
Te invade
Te despierta
Te excita
Te recuerda
Que para estar vivo
Que para serte fiel
No tenés que vivir
En eternos otoños
Porque la fragancia
De los blancos jazmines
No te abandona jamás
Esta en tu centro
Para que lo traigas
Cuando necesites renacer
Cuando necesites saborear
La libertad
La honestidad
Para volver a caminar.
El viaje de Ulises
Querés entenderte.
Querés descubrirte.
Lo que pasa es que
te da un poco de miedo.
Porque algunos
viajes son tortuosos.
Otros,
impredecibles.
De hecho.
El viaje de Ulises.
La metáfora de la
vida del hombre.
La metáfora del qué
hacer.
De la gran duda
existencial.
A Ulises lo “dejaron”
entrenar,
lo “dejaron” irse a
pescar,
ensayar, jugar al
fútbol,
-o lo que sea-.
Y después.
Ulises se aburría
al volver.
Hay algo en Ulises:
Se manda cagadas
que le impiden el
regreso a casa.
¿Por qué?
¿Qué ocurre allí
de lo que no quiere
ocuparse?
¿Qué dilata
enfrentando al
cíclope
con planteos
obtusos?
¿Qué evade
enamorando
a Circe y a
Calypso?
Hay flor de
quilombo en Ítaca.
Pero.
Él no decide volver
hasta que la cagó
bien.
Su constante y
profundo deseo
manifestado en su
tristeza,
en su angustia
(¿será culpa?)
es Volver.
Reencontrarse con
su esposa.
Reconocer a su
hijo.
Volver a ver a su
padre.
Así, todo junto.
Así, todo mezclado.
Como si fueran la
misma cosa.
A su hijo,
dejó de verlo
cuando era un bebé.
Ahora tiene 20 años.
Su esposa,
aún apetecible,
pero seca
aburrida
solitaria
gris.
Entre ellos quedan
vestigios de Pasión.
¿Será eso lo que le
da miedo a Ulises?
Sin embargo.
Como el relato
debe ser catártico:
(para que el bobo
ciudadano
no aprenda a
mandarse mocos
para que todo siga
ordenadito e higiénico):
Ulises regresa
-tarde pero seguro-.
Ajusticia a los
pretendientes
-todos garcas, y de
los malos-.
Y retoma con vigor
su rol de hijo
padre
esposo
rey.
Un capo el tipo.
20 años de
abandono.
Cuernos.
Ausencia.
Soledad.
Pero su rol social
amerita cualquier
cosa.
Pobre Penélope.
(¡qué pelotuda!)
Esposa de violento.
Sumisa conciente.
Producto de época,
de cosmovisión.
Hoy.
Hoy Ulises no
regresa
como en Odisea.
Hoy Ulises debe
repensarse en el
camino.
Puede torcer el
destino.
Puede decidir
mejor.
martes, 20 de noviembre de 2018
Un hombre y una mujer
Un hombre y una mujer. De
experiencias. De vista atenta. De intuición. Recorriendo procesos.
Primero: flash. Desenfrenada pasión.
Por los intereses. Por las miradas. Por las aperturas. No por la belleza. Eso
también. Eso estaba.
Pasión por la sensación de excitarse
desde el centro del cuerpo hasta lo más alto de la potencia humana. Eso se
generaban. Porque se hacían reír. Porque se compartían sabidurías. Que el otro
recordaba. Estudiaba. Expandía. Internalizaba. Eso era sentirse útil. O, mejor,
valorado. Valioso.
Pero. Claro. Otras cuestiones. Tantas.
Sin procesar. Sin siquiera saber de su existencia. Cuestiones descubiertas
tarde. Pero imposibles de entender sin transitarlas.
Se oxidaron. Pero sin quedarse quietos
–no hubiesen podido-. Se desentendieron. Se malinterpretaron. Se trataron mal.
Se agotaron. Se desgarraron.
Dolor. Un dolor egoísta. Un dolor
corto de vista. Porque, en realidad, era oportunidad de crecimiento. Todo duele
en la vida. Todo lo importante duele. En algún punto. No todo el tiempo.
Ella, ansias. Decisiones como
andamiaje de la autoestima. Errores. Era chiquita. Débil. Poco firme. Tenía
todo por aprender. Era una esponja. Por dentro. Tenía que encontrarse. Que
descubrirse. Le llevó tiempo. Le lleva tiempo.
Él, fogonazo. Resplandor. Inmenso.
Exceso. Convencido. Profundo. Intenso. Revisable. Mejorable. Viento. Perenne.
Fuego.
Tiempo. Largo. Veloz. Monótono y
huracanado. Entre aquellos y estos: una palabra, tal vez dos.
Una rotura. La fisura. Interna.
Personal. Llameante. Cada uno y su propia honestidad. Cada Quien y su valor
para mirarse en la pared. Contra la pared de una celda de puertas abiertas. Pero
concreta. Objetiva. Asfixiante a veces.
Un cable. Dos legos. Otra vez: Sus
risas. Sus integridades. Sus sexos hinchándose. Sus cuerpos abriéndose,
violentándose, empapándose (sudor, humedad, sus mares, sus salivas). Ella late
y él se afirma. Ella gime, él la lame. Ella es lluvia. Es río. Es suya. Sus dedos.
Esa mirada. Se escapa. No quiere mirarlo. Tal vez tenga miedo. Prefiere estar ajena.
Lo intenta.
Y, cuando regresa, –porque él la
busca, le exige, la enfrenta-, se mira en esa boca. Le explica todo cada
caricia. El instante es la respuesta. Entonces se calma. Se excita. Se deja. Él
sabe. Él pide. Él marca el camino. Es amable. Suave. Es leve. Es intenso. Es deseo.
Él se instala. Con calma. Por un rato. Largo. Eterno. De placer para los dos. Hay
momento. Hay presente. Él es la constante búsqueda del Carpe diem.
Él aprovecha el día. Y –de a poco- ella
aprende. Lo necesita para eso –no sé si es tan cierto-. Él la interpela. Y a
ella le encanta investigar.
Una pregunta. Suelta. Fantaseada.
Negada. Súbita. La alegría por saber que esa duda existe. La honesta respuesta.
El escape. O la confianza en los procesos. Ese era el aprendizaje que esto
traía. No iban a vivirlo de otro modo. Esto era tránsito. Era presente. Era la
vidalunes, 19 de noviembre de 2018
La turbia mirada
La turbia mirada
que es propia
que acusa
que concede
-a veces-
que castiga
-siempre-.
Ese es el cruce
Ese es el cauce
que debería seguir
que debería sentir.
Pero se apaga
pero se teme.
Se ahoga
la libertad.
Se enmudece
la pasión.
Queda –expuesta-
la razón.
Pero le faltan herramientas.
Porque no hay
moralité
que pueda decir
con certeza
qué debe hacer Cada
Quien.
Los caminos son
inéditos
o aburridos.
o llanos.
Mesetas de orden,
de hábito.
Pero sin Ritos.
De Ritos
se llena la vida
cuando hay duelos
cuando hay fuegos
cuando hay partos.
Orígenes.
Transmutaciones.
Nuevos vos.
Nuevos yo.
Subjetividades renovadas
Reflexivas
Libertadas.
Escapadas de la
cárcel
de la propia moral.
Sucia
Hipócrita
Horrible
Moral
que me ató
que me mató
-no me enterró-
Y hoy,
-por algo-
Renazco.
Y no abdico más.
Nunca más.
Jamás.
Ni en pedo.
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